Algunos astronautas han relatado la sensación de asombro indescriptible que sintieron al observar el planeta Tierra desde el espacio. Mirar la pequeñez de este planeta en la obscuridad del escenario universal infinito, les estremeció profundamente. Habían tenido experiencias transpersonales, como la denominada “efecto de la visión global” que además de un fascinante asombro, les había producido una intensa sensación de unidad, interdependencia y fragilidad de la vida sobre la Tierra.

Este tipo de experiencias que acarrean sensaciones indescriptibles de plenitud total dieron luz a la denominación de lo transpersonal, como aquello inefable que se encuentra más allá de lo personal, más allá de la forma humana, más allá del experimentador racional o perceptor emocional. Las corrientes espirituales reconocían a éstas como experiencias místicas, en el arte llegaba en la manifestación de las llamadas musas de la inspiración, en la vida corriente es como aquella que provoca un llanto de plenitud como cuando una madre abraza a su hijo apenas nacido y se siente uno con él sustrayendo lo eterno al instante presente.

Lo transpersonal es el arribo a un nuevo estado de consciencia identificada con la liberación del sufrimiento y todo determinismo fenoménico de esta forma física humana. Para el cristianismo se produce en estados expansivos de consciencia, pasando de la revelación a la inspiración y a la iluminación; y tiene su máxima manifestación en la epifanía que es la denominación con la que se reconoce la presencia de Dios, la manifestación de Cristo en la carne. Para el budismo corresponde al nirvana, que lo describe el mismo Gautama Buda:  “Hay una condición donde no hay tierra, ni agua, ni aire, ni luz, ni espacio, ni límites, ni tiempo sin límites, ni ningún tipo de ser, ni ideas, ni falta de ideas, ni este mundo, ni aquel mundo. No hay ni un levantarse ni un fenecer, ni muerte, ni causa, ni efecto, ni cambio, ni detenimiento”.

La psicología científica había desdeñado este tipo de manifestaciones, pasando desde considerarlas estados patológicos, a evasores emocionales, determinismos religiosos y hasta llegar a un respetuoso pero silente menosprecio. Rescatando, si acaso, aquello que como impulso motivacional pueda reforzar al ser humano en sus crisis emocionales. Sin embargo desde Abraham Maslow y luego con Carl Jung empezó a surgir el reconocimiento de las experiencias espirituales como integrantes de la realidad humana, para posteriormente con el surgimiento de la Psicología Transpersonal considerarlas como la dimensión de plenitud del ser humano y por ende como parte integrante consustancial de las terapéutica psicológica. La Psicología Transpersonal hoy no concibe un tratamiento emocional del ser humano sin la integración de su dimensión espiritual profunda, haciendo abstracción de doctrinas religiosas, con respeto a todas ellas, pero propendiendo sobre todo a la experiencia personal trascendente, transpersonal.

Hazmásdeti desarrolla toda su dinámica de apoyo y acompañamiento con la inspiración de la Psicología Transpersonal, empleando la meditación como instrumento esencial de acceso a la expansión de la conciencia humana.

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Santiago Avila B.

De lo profundo, a lo humano y material.

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